

20 de octubre de 2025 – Experiencia de Koreima Ortiz Montijo
Hola, soy Koreima Ortiz Montijo, estudiante del Máster en Gobernanza y Derechos Humanos en la Facultad de Derecho. Actualmente realizo mis prácticas del máster en la sierra de Chiantla, Huehuetenango, Guatemala, junto a la Organización MANABÍ y la Asociación de Mujeres en Acción Solidaria (AMAS). Esta experiencia ha sido profundamente enriquecedora, tanto en lo profesional como en lo personal. Trabajar con las mujeres de la comunidad es realmente aleccionador y transformador, cada día aprendo de su sabiduría, su resiliencia y del espíritu colectivo que fortalece a toda la comunidad.
Formé parte del proyecto “Mujer y desarrollo”, con el eje transversal “Derechos Humanos y Soberanía”, el objetivo principal fue fortalecer los procesos organizativos, formativos y de exigibilidad de los derechos de AMAS, impulsando el reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres, su soberanía territorial y el acceso digno a los servicios básicos. Todo ello con la convicción de visibilizar las experiencias de resistencia y la enorme fuerza que las mujeres rurales sostienen día a día en sus territorios.
Trabajar con las mujeres ha sido un camino lleno de aprendizajes profundos, de experiencias que tocan el corazón y de la oportunidad de compartir saberes que ellas han guardado y transmitido por generaciones. Acompañamos a mujeres de las aldeas donde la falta de servicios básicos las coloca en situaciones de vulnerabilidad, pero también donde late una fuerza y resistencia admirables. Realizamos espacios de capacitación pensados para escucharnos, participar, reflexionar juntar y compartir nuestras vivencias frente a los desafíos que
atraviesan las mujeres en sus comunidades. Cada encuentro fue un recordatorio de que cuando nos unimos, la transformación es posible.
Las mujeres de la sierra de Chiantla, en Huehuetenango, Guatemala, viven en una región rica en ecosistemas y cultivos, pero marcada por la pobreza y la discriminación. La falta de acceso al agua potable les obliga a dedicar alrededor de dos horas diarias a acarrear agua para cubrir sus necesidades básicas. Además, esta realidad no solo impacta su salud y alimentación, sino que también limita el ejercicio de múltiples derechos humanos fundamentales para las mujeres rurales, reflejando desigualdades estructurales que aún deben ser transformadas.
Sin duda alguna, esta experiencia del voluntariado la recomiendo ampliamente, porque es una experiencia transformadora que nos invita a mirar el mundo con nuevos ojos. Porque al convivir con distintas comunidades, descubrimos realidades que amplían nuestra mente y nos permiten cuestionar nuestras propias formas de pensar. Esta oportunidad ha sido verdaderamente grandiosa, pude compartir con las mujeres su cultura, sus tradiciones, sus sabores y su forma única de ver la vida, mientras yo también les llevaba un pedacito de mi país. Este intercambio sincero y lleno de respeto nos permitió reconocernos en nuestras diferencias y encontrarnos en aquello que nos une.
Esta experiencia intercultural ha sumado mucho a mi vida profesional y personal, ampliando mi mirada sobre los desafíos sociales, políticos y culturales que existen alrededor del mundo.
Además, cada encuentro, cada historia y cada aprendizaje me ha ayudado a desarrollar más empatía, compromiso social y una visión más humana del futuro.
Me quedó con las palabras que me dijo una de las lideres de la comunidad, Doña Flora: “Que siga teniendo un corazón abierto para abrazar más a la humanidad”
Así que invito a otros jóvenes a dar este paso, a vivir la diversidad, a aportar con su energía y talento, y a dejarse sorprender por la fuerza y la esperanza que se respira en nuestra región.

Foto con las mujeres de la Asociación de Mujeres de Acción Solidaria.

Charlas con las mujeres de la Aldea de Tunimá Grande.

Foto con las mujeres de la Aldea Paquix, Sector 8.