

2 de noviembre de 2025, Guatemala (Quetzaltenango)
Escribo estas líneas desde el aeropuerto La Aurora, en Guatemala, con lágrimas en los ojos y el corazón lleno de amor y recuerdos. Han sido tres meses intensos, cansados, lluviosos y preciosos. Guatemala es un país increíble, lleno de paisajes que enamoran y de personas aún más hermosas.
Durante este tiempo, la fundación Fundap me tomó bajo su ala y me hizo sentir parte de su gran familia. Formé parte del proyecto de calidad educativa, una iniciativa que busca mejorar las oportunidades de aprendizaje en comunidades con pocos recursos. Desde el primer día me sentí escuchada, valorada y con espacio para aportar. Mediante sus ideas y las mías, decidimos hacer un proyecto piloto de enseñanza de inglés en una escuela.
En la escuelita de Las Tapias, en Xela, encontré un grupo de niños llenos de curiosidad y energía. Durante dos meses impartí clases de inglés a estudiantes de entre cinco y catorce años. Al principio, muchos veían el inglés como algo difícil o distante, pero poco a poco logramos hacerlo más cercano y divertido. Ver sus avances, su entusiasmo y sus sonrisas fue una de las mayores recompensas.
Hubo momentos exigentes, con muchas horas de trabajo y a contrareloj para preparar todos los materiales para el aula. Además, mantener la atención de los niños no siempre fue fácil, ya que estaban cansados o distraídos, y había que buscar actividades más dinámicas para conectar con ellos y que pudieran aprender también.
Uno de los aprendizajes más valiosos fue comprender que el impacto del voluntariado no se mide en grandes logros, sino en los pequeños gestos diarios: escuchar, acompañar, preparar una clase con cariño, o compartir una comida con los profesores, compañeros o niños. Cada día me recordaba por qué había decidido estar allí y por qué trabajaba tan duro. Pero sin duda, he aprendido lo que es confiar, agradecer y ayudar. Allí todo el mundo está dispuesto a ayudar y dar, sin recibir nada a cambio. Los guatemaltecos tienen una forma de ser, que a partir de ahora quiero en mi.
Si alguna vez tenéis la oportunidad de viajar a Guatemala, no lo dudéis: trabajad con ilusión, disfrutad cada instante y dejad que esta experiencia os inspire tanto o más que a mí.
PD: ¡No olvidéis vuestro protector de mosquitos!

Quetzaltenango o más conocido como Xela – Parque a Benito Juárez

Traje típico de Guatemala: el corte