

28 de octubre de 2025- Experiencia de Adriana Pérez Cifuentes
Mi nombre es Adriana y recientemente he finalizado un Máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos en la Universidad Autónoma de Madrid. Desde hace un mes y medio me encuentro en Moshi, Tanzania, y me alegra poder compartir mi experiencia como voluntaria a través del programa UPCM, colaborando con la ONG TATU Project, una organización cuya misión es promover proyectos de desarrollo sostenible junto a la comunidad de Msitu wa Tembo.
El proyecto en el que participo forma parte de un conjunto de iniciativas destinadas al empoderamiento económico, personal y comunitario de las mujeres de la zona. En concreto, estoy involucrada en un proyecto que impulsa el crecimiento de Kilipads, un negocio social y sostenible centrado en la producción de productos de higiene femenina reutilizables, al tiempo que ofrece educación sobre salud menstrual. Con el doble objetivo de fortalecer la autonomía económica de las mujeres y fomentar la conciencia comunitaria en torno a la salud y el bienestar de la mujer.

En este contexto, mis principales tareas hasta ahora se han enfocado en impartir sesiones formativas para reforzar los conocimientos de las mujeres sobre la gestión y el mantenimiento de pequeños negocios, entre otras tareas que puedan apoyar sus objetivos. A través de estos talleres, he podido conocer de cerca los logros y los desafíos a los que todavía se siguen enfrentando. Además, he tenido la oportunidad de observar y participar activamente en el desarrollo de los otros proyectos dentro de la ONG, lo cual ha representado una experiencia profundamente enriquecedora.
Aunque existen diversos enfoques y reflexiones en torno al papel del voluntariado y su relación con el desarrollo local, TATU Project se distingue por contar con un equipo local y por diseñar cada iniciativa con una fecha de finalización prevista. Esta estrategia busca permitir que las comunidades se preparen progresivamente para continuar de forma
autónoma una vez concluida la intervención. Al combinar la implicación directa del personal local con un enfoque orientado a la autosuficiencia, la organización parece fomentar un impacto más sostenible e intenta evitar la creación de dependencias a largo plazo.

Por otro lado, aunque vivir esta experiencia por tu cuenta, sin saber si lograrás adaptarte a un nuevo ritmo de vida o si encontrarás personas con quienes compartir el día a día, puede parecer un desafío. Cada mañana, las vistas del Kilimanjaro hacen que todo valga la pena. El contacto constante con la naturaleza, la música y las risas al atardecer crean una atmósfera difícil de describir, donde la sencillez y la calidez humana se vuelven parte del aprendizaje.
Una de las lecciones más valiosas que me llevo es que los ritmos, las prioridades y las formas de comunicación pueden variar enormemente, y adaptarse a ello implica mucho más que acostumbrarse a un entorno nuevo; supone aprender otra forma de entender el tiempo, la cooperación y la comunidad. Aquí, el trabajo se combina con un profundo sentido de pertenencia. Las reuniones no se limitan a planificar tareas, sino que también son espacios para escuchar, compartir y apoyarse mutuamente, algo que aporta una cercanía que se aprecia y se diferencia de otros entornos laborales.

El famoso lema tanzano “pole pole”, tómatelo con calma, resume bien esta filosofía. Se aplica tanto a la vida cotidiana como al trabajo, donde la paciencia y la flexibilidad son virtudes esenciales. Aprender a moverme a este ritmo diferente me ha enseñado que la eficiencia no siempre se mide por la rapidez, sino por la capacidad de construir relaciones significativas y avanzar, poco a
poco, hacia un cambio que realmente perdure.