
Oaxaca, México.
Llegué a Oaxaca con la idea de colaborar y me voy con la sensación de haber encontrado un propósito. Durante estos meses he trabajado junto a mujeres emprendedoras y cooperativas comunitarias que han transformado su relación con el territorio apostando por el ecoturismo y la conservación como forma de vida. He diseñado actividades deinglés, acciones de protección ambiental y experiencias tan intensas como patrullajes nocturnos de tortugas, liberación de crías, observación de delfines y ballenas, senderismo o rutas a caballo hasta aguas termales. Parte fundamental de mi voluntariado ha sido crear contenido audiovisual para visibilizar el trabajo de estas comunidades, que hoy cuidan la fauna y la flora y sostienen a sus familias gracias a un turismo más consciente y respetuoso.
Oaxaca también me enseñó a vivir de otra manera. A disfrutar de la cercanía y hospitalidad de su gente, de la diversidad cultural de las comunidades indígenas y de un tiempo que se mueve al ritmo del ahorita, donde aprendes a ser flexible y a soltar la prisa con la que venimos de ciudades como Madrid. Lo único realmente malo fue el gallo que cada mañana me despertaba a las cinco. Entre rescates de perritas, limpiezas de playas y ríos y campañas de esterilización, entendí que el impacto se construye en lo cotidiano. Esta experiencia me confirmó que quiero seguir trabajando en proyectos de impacto, esta vez diseñándolos y gestionándolos, y por eso he decidido formarme en el Máster en Project Management for International Cooperation, Euro-Project Management and Local Development, para seguir caminando junto a comunidades desde lo local, lo sostenible y lo humano.

Visitando el terreno donde nuestros amigos de Ecoturismo Manialtepec tienen sus caballos y dándoles de comer papaya







