

26 de enero de 2026, experiencia de Álvaro López-Gallego López.
¡Hola a todos! Soy Álvaro, biólogo por la Universidad Complutense de Madrid, y vengo a contaros mi experiencia viviendo como voluntario durante 3 meses en Arequipa gracias al Voluntariado UPCM.
El 24 de julio aterricé en Lima, junto a mis compañeros David y Sara, y durante una semana nos dedicamos a conocer una pequeña parte de todo lo que tiene Perú, bajando por la costa viendo Lima, Paracas, Ica y Nazca. De esta manera, solo en la primera semana habíamos visitado ciudades, islas llenas de fauna, un desierto (y un oasis) y las misteriosas Líneas de Nazca, para terminar llegando a Arequipa.
Nada más llegar, nos recogieron los profesores de Ecología de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa (UNSA), las personas que nos iban a acompañar durante nuestra estancia. Lo primero que me impactó fue el hecho de que Arequipa está a 2400 metros de altitud, rodeada de volcanes altísimos como el Misti, al que nos quedábamos mirando cada mañana.
Durante nuestra estancia, nuestro principal espacio de trabajo fue el departamento de Ecología de la UNSA, que tiene un campus muy grande en el que las jardineras son… ¡alpacas! Allí estuvimos trabajando en los proyectos de restauración y conservación que llevan los profesores, acompañados de otros alumnos encantadores que nos enseñaron y ayudaron en todo lo que pudieron y más.
En la universidad, aprendimos a utilizar diferentes herramientas para recopilar información acerca de las diferentes especies de la zona y de su estado de amenaza, participamos en una feria de biología informando sobre los proyectos que llevan a cabo e impartimos charlas a los alumnos sobre los proyectos en los que hemos participado en España.
Pero nuestra experiencia como voluntarios no se quedó en la universidad, ni mucho menos. Tuvimos muchas salidas de campo en las que conocimos enormes volcanes, lagunas a elevadísima altitud, y mucha flora y fauna, como la queñua; un árbol que crece retorciéndose a 4000 metros de altitud, la comadrejita coligruesa; un marsupial muy pequeño que vive en las rocas, las vicuñas; los parientes salvajes de las alpacas y los pequeños colibríes.
Además, impartimos charlas en colegios para dar a conocer la biodiversidad de la ciudad y concienciar a los más pequeños, participamos en un curso de fototrampeo e impartimos un curso de restauración junto con profesores de la UNSA y de la UCM y otros profesionales.

David, Sara y yo tras una salida de campo a una restauración de queñuas, con el volcán Misti de fondo
Más allá de todas las actividades de voluntariado que realizamos, también pudimos disfrutar de muchos eventos, viajes, excursiones… que completaron nuestra experiencia.
Durante el mes de agosto, Arequipa se vuelve un festival constante, celebrando el aniversario de la ciudad con bailes, eventos, desfiles, fiestas… y ese mes descubrimos mucho acerca de la fantástica cultura arequipeña, rodeados de gente que te invita a empaparte de toda su alegría.
Me fascinó desde el primer momento la comida del país, que, aunque había oído hablar de ella, para nada me esperaba que fuera a ser tan variada y deliciosa.
Desde ceviche, rocoto relleno, ají de gallina o lomo saltado al millón de frutas de diferentes sabores y colores.
Cada rato libre que tuvimos nos escapamos, si teníamos tiempo suficiente, para viajar. Así, conocimos sitios como la preciosa ciudad de Cusco, Puno; con el enorme lago Titicaca, el Cañón del Colca; con el grandioso cóndor andino, la selva en el Parque Nacional del Manu; llena de biodiversidad de la que, como biólogo, me enamoré y, por supuesto, Machu Picchu; la ciudadela perdida, la Maravilla del Mundo escondida en Perú.
Cuando no teníamos tiempo como para viajar, aprovechamos para hacer actividades cerca, como rafting en un río, descender el volcán Chachani en
bicicleta, o turismo por la propia ciudad. Aunque te lo propongas, es difícil aburrirte en Arequipa, siempre hay algo que hacer.
Una de las mejores experiencias que me llevo fue meterme al equipo de rugby de Arequipa, los Toros. Este equipo está lleno de gente encantadora, muy acogedora y que te hace sentir como en casa. Aprendí mucho de ellos, tanto dentro como fuera del rugby y me llevo un montón de amigos de este gran equipo.
Tras casi 3 meses que pasaron volando, tocó hacer las maletas para volver a España. Pero antes, los profesores quisieron enseñarnos un poco más de Perú, bajando por última vez a la costa del Pacífico, a Mejía, para ver unas lagunas llenas de aves, de nuevo una experiencia inolvidable que sirvió de despedida tras este fantástico viaje.
En conclusión, tras este voluntariado, siento que he aprendido mucho, como biólogo y más allá. Me llevo miles de vivencias inolvidables, experiencias únicas, amistades que siempre estarán, y siento que vuelvo con mucho más que con lo que aterricé en Perú.
