

Soy Sandra Fernández, estudiante de Ingeniería Biomédica, pero con una vocación increíble por la ayuda humanitaria. A través del programa de Voluntariado UPCM, me encuentro en Barranquilla (Colombia), participando en el proyecto Univoluntarios de la Universidad del Norte. Aquí coordino el proyecto Scribble, una iniciativa dedicada a la educación no formal del inglés en comunidades vulnerables. Es un espacio lleno de creatividad, aprendizaje y sonrisas, donde los niños y niñas descubren que aprender puede ser también un juego y una oportunidad para soñar más grande.
Vivo cerca de la universidad, y nuestro día a día está muy ligado a ella. Durante la semana trabajamos dentro del campus, donde preparamos las sesiones, diseñamos materiales y compartimos ideas con otros voluntarios. Los viernes y sábados realizamos lo que nosotras llamamos “trabajo de campo”, y es ahí donde todo cobra vida: salimos a las comunidades, jugamos, enseñamos, aprendemos y nos llenamos de esa energía tan especial que solo los niños pueden transmitir.
Las niñas y niños con los que trabajamos tienen entre 7 y 14 años, y pertenecen principalmente a los barrios Rebolo y Salgar. Para muchos de ellos, este proyecto representa una de las pocas oportunidades de contar con un espacio seguro, donde pueden expresarse con libertad, aprender, equivocarse sin miedo y, sobre todo, sentirse escuchados y valorados. En Scribble, más allá del idioma, aprenden a confiar en sí mismos, a compartir, a reír y a disfrutar del aprendizaje desde el juego y la creatividad.

Proyecto Scribble en Rebolo, trabajamos las partes del cuerpo
Además, tengo la suerte de colaborar en otros proyectos de mis compañeras y compañeros. Mi favorito es Goticas de Alegría, un programa centrado en la comprensión emocional y el acompañamiento afectivo. A través de talleres, dinámicas y conversaciones, aprendemos a escuchar, a sentir y a conectar de verdad con los demás. He descubierto que esto es lo que realmente me apasiona: trabajar desde lo emocional y lo humano, combinando mi perfil científico con el mundo de las emociones y la psicología.

Proyecto Góticas de Alegría en Villas de San Pablo, trabajamos sobre la expresión de las emociones
Aunque las condiciones materiales sean difíciles, las niñas y niños transmiten una alegría inmensa. Aceptan todo con entusiasmo y curiosidad. Ellos me enseñan cada día a valorar el agua, la luz, el trabajo y, sobre todo, la buena energía.
La oficina de Univoluntarios es un lugar donde todo vibra con pasión. Cada persona pone el corazón en lo que hace. Aquí todo el mundo intenta ayudar, compartir, acompañar. Y aunque las cosas suceden a otro ritmo, la vida se siente más plena y más bonita. Aprendo a disfrutar del proceso, a mirar con calma, a entender que cada gesto cuenta.

Equipo de trabajo Univoluntarios
Este voluntariado me está transformando profundamente. He conseguido unir mi carrera con lo que antes creía imposible: el ámbito social y la psicología. Siento que estoy encontrando mi camino, uno donde la ciencia y la empatía se encuentran para servir a las personas.
Barranquilla me ha enseñado que todo se puede hacer con amor, que la pasión colectiva mueve montañas y que, incluso en los lugares más humildes, la vida brilla con una luz inmensa. Aquí he aprendido que el cambio empieza con pequeños gestos: una sonrisa, una palabra amable, una mirada de confianza. Cada día me convence más de que las verdaderas transformaciones no solo ocurren en los proyectos o en las aulas, sino dentro de las personas.
Este voluntariado me ha mostrado la fuerza de la comunidad, la importancia de la empatía y el valor de la paciencia. Me ha enseñado que enseñar también es aprender, y que acompañar es una forma profunda de amar. He descubierto que, cuando se trabaja con el corazón, el impacto no se mide en resultados, sino en vínculos, en emociones y en el brillo de los ojos de quienes te rodean.
Cada experiencia, cada niño, cada conversación me ha hecho crecer. Me siento afortunada de formar parte de un equipo que trabaja con tanta dedicación, en un entorno donde cada persona aporta su energía y su pasión para construir algo más grande que uno mismo.
Hoy puedo decir que este voluntariado me está abriendo el corazón y la mente. Me ha permitido unir la ciencia con la humanidad, la razón con la emoción, y comprender que el verdadero sentido de mi profesión está en servir a los demás. Barranquilla me ha regalado una nueva forma de mirar el mundo, y sé que llevaré esta experiencia conmigo siempre, como un recordatorio de lo que realmente importa: vivir con propósito, con gratitud y con amor.